Tomo prestado el título de una novela negra de LORENZO SILVA (Por cierto; magnífica, ya tardáis en robarla de vuestra biblioteca favorita) para acometer un desvarío sobre si el bdsm nos cambia o no la personalidad, la mentalidad, la trayectoria vital y demás cosillas sin importancia. Inicialmente pensé en hacer alusiones en el título al Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, pero eso era tanto como presuponer que la transformación (en caso de haberla) es negativa, porque se le tiene un poco de manía al amigo Hyde cuando el pobre lo único que quiere es divertirse. En fin; ilustran unas amigas que no tenían nada mejor que hacer y otras cosillas cogidas de la red. Al turrón;
Cojamos prestada la máquina del tiempo del Dr. Muerte y pongamos las coordenadas de hace unos 20 años, a fin de conocer a mi yo de aquella época, con 17-18 primaveras.
Mi yo de hace 20 años era para darle de ostias hasta en el carnet de identidad. El Spirit de entonces no se llamaba Spirit, si no J….y, de hecho, era tan tonto que ni siquiera sabía apreciar todavía los tebeos de éste personaje. Era un tipo tímido, introvertido, con una rica vida interior que canalizaba leyendo, dibujando, y escribiendo unos horribles poemas que por fortuna para la humanidad fueron quemados tiempo ha. Me daba vergüenza hasta ir a comprar el pan. El J que todavía no era Spirit se preocupaba por todo y la cosa más nimia no le dejaba dormir. Vivía permanente angustiado sin saber por qué, inseguro y temoroso. Era estudioso, muy estudioso, y formal hasta el aburrimiento. Creía todo lo que le decían los poderes fácticos y si la Profe mandaba deberes, ahí estaba el tontolhaba de mi yo anterior con el cuaderno rellenado e impoluto. No sólo no bebía ni fumaba, si no que pensaba que quien hacía una de las dos cosas sin remedio iría de cabeza a la indigencia social.
Tenía, eso siempre lo he tenido, un grupo de amigos tan pringados como yo. Nos pasábamos las tardes en la plaza del pueblo viendo pasar a las chicas, por supuesto sin dirigirnos jamás a ninguna de ellas. Otras actividades de ocio consistían en jugar al tretis a base de monedas de 5 duros en unos recreativos cutres y unos partidos de basket en los que un tapón, gordo y torpe como yo lanzaba pelotazos a una canasta hasta que por pura ley de la probabilidad entraba alguna. Todo ello, como podéis deducir, muy interesante. Nuestro lema era no conocer jamás a nadie nuevo. Menos mal que eran otros tiempos y no había esos niveles de acoso escolar que hay ahora, siempre nos llevábamos bien con todo el mundo. Creía, eso sí, que lo sabía todo pero que una gran frustración interior no me permitía demostrárselo a la humanidad.
Bien, supongo que os hacéis una idea. Aprovecho el viaje para darle unos capones al tontolhaba de mi yo anterior y volvamos al presente.
EL Spirit actual se llama J. y se llama Spirit. Le encantan los experimientos visuales y narrativos del creador del personaje, Will Eisneir, el trazo elegante de sus mujeres fatales y el juego de luces y sombras que emplea. Hablo por los codos, con la gente que conozco y con la que no. No tengo vergüenza ni la he conocido, en palabras de mi madre. Bebo socialmente, y como me socializo mucho bebo mucho, pero no tengo problema de entrar en el alcoholismo porque sólo bebo cerveza y, como todo el mundo sabe, eso se mea y ya está. He dejado de fumar recientemente. No me preocupa ni me angustia nada; creo que si Irán invadiera la Unión Europea sólo me privaría de la siesta cuando llegasen las tropas a mi barrio, y eso si me acosté temprano la noche anterior. Sigo leyendo, pero dejé de dibujar hace mucho y sólo escribo poemas a mujeres con las que creo que me puedo acostar. El resto de mi obra literaria se reduce a estas chorradas del blog. Trabajo para pagarme las habichuelas y poco más, que la vida tiene tantas cosas que no me voy a quedar sólo en la peor.Soy incapaz de estar con una mujer sin intentar besarla y lo único que me puede privar de intentarlo es la quasi certeza de que me dará un bolsazo. Y aún así, si sé que en el bolso no hay una plancha, ladrillo o similar, me arriesgo. Mi grupo de pringaos sigue ahí, aunque ahora son unos aburridos señores casados que juegan al fútbol los sábados cada 15 días porque necesitan ese tiempo para recuperarse entre partido y partido. Aparte de ellos, he ampliado mi espectro social a rufianes, menesterosos, reyes, mendigos, negociantes, trapicheros, putas, Señoras, amas de casa que fuman ducados y demás gente de mal vivir. Mi lema es conocer a cuanta más gente mejor. No me creo nada de los poderes, ni los oficiales ni los fácticos. Pero no quiero comerme el mundo, hace tiempo que éste se me merendó, y me basta con estar en él lo mejor que pueda. Y bueno, podría seguir, pero seguro que ya os hacéis una idea.
Entre mi yo anterior y mi yo actual media un abismo. Ninguno es mejor o peor; hay cosas de antaño que me gustaría conservar y hay cosas de hoy que jamás hubiera imaginado tener y no cambiaría por nada del mundo. Me gusta pensar, no obstante, que mis padres intentaron que tuviera una cierta base en cuanto a valores y tal que más o menos conservo. Bien; ¿y a qué es debido que el antaño criajo repelente sea el actual hombre que piensa que no hay pena que una buena paja no pueda paliar?
Pues la razón más obvia es el paso del tiempo y la vida. La adolescencia es una época asquerosa; somos personas a medio hacer y sin embargo nuestras hormonas nos traicionan haciéndonos creer que somos Dioses. Luego la vida nos da un par de ostias, nos pone en nuestro sitio, aprendemos cuatro trucos y nos dedicamos a hacerlo lo mejor que podemos.
No obstante, creo que hay una parte de ese proceso alquímico en el que una piedra filosofal ha sido fundamental; el bdsm. No ha sido el único elemento de la pócima, pero sí quizás sin el que los demás no hubieran coagulado. Explicar esto es, salvando las distancias, similar a que San Pablo explicase como al caerse del caballo persiguiendo a los cristianos se convirtió a la verdadera fe. Una revelación que, sin embargo, no fue instantánea sino paulatina.
A ver si lo logro…
Cuando se sienten estas fantasías de forma natural y se reniegan de ellas por vergüenza, culpa, etc…se está incompleto. Se genera una frustración que te impide ser tú. Tu yo verdadero, al menos. Ese J. adolescente renegaba de estas perversiones porque quería ser “normal”. Y, enfrascado en su normalidad, iba contra natura. Si vas contra natura, no eres feliz. Y si no eres feliz, te encierras en ti mismo. No es que fuera huraño ni mucho menos, pero enfrascado en mi seriedad tampoco era la alegría de la huerta. ¿Para qué?
Pero, ay, la naturaleza además de cruel es terca. Y como soy de los que piensan que cualquiera puede conseguir lo que se proponga si en verdad lo desea, pues…empecé a vencer miedos.Yo creo que Spirit nació cuando aquel ya no tan adolescente pudo subir las escaleras de aquel piso del Eixample donde le esperaba la primera sesión con una profesional. No es fácil subir unas escaleras cuando tienes los cojones impidiéndote tragar saliva. Aquella primera sesión fue un puto desastre, pero cayeron varios muros. Se rompieron algunos convencionalismos. Y, en cierta forma, algunas cadenas. Me sentí…algo parecido a libre.Cuando hablaba a las profesionales de tú, el bdsm me hizo dar otro paso; esta muy bien ese rato donde a base de cartera obtienes la satisfacción momentánea, pero yo quería algo más. Quería la autenticidad. Que quien me agarrara los cojones lo hiciera porque se moja al hacerlo, no porque es una petición mecánica de un tipo que quiere a, c y si me apetece quizás d. Y para eso…pues aprendí a relacionarme un poco, primero por chat, luego en persona, vas conociendo gente, la gente te va aportando, lo vas pasando bien, te vas soltando, deshinibiendo, etc…y todo va formando un proceso vital en el que , sin darte cuenta, te vas transformando. Coñe, has quedado con un tipo, o una tipa, por internet, a quien no conoces…y a los diez minutos ya estás taladrando por los codos y gorreándole tabaco. Algo has tenido que desarrollar, no?
A día de hoy no podría decir que soy una persona segura que me sienta completa, nadie lo es. Pero sí que tengo mucha más seguridad en mí mismo que la mayoría y sí que me siento más completo que la mayoría. O al menos me gusto lo bastante para estar encantado de haberme conocido. No me da vergüenza estar desnudo en un local lleno de gente, ni ponerme a charlar hasta hacerme cansino con el primero que pase por allí. No es que sepa más, pero sí que soy más divertido.
En fin; este es de nuevo uno de esos escritos en los que no sé si he expresado realmente lo que quería. Pero tanto rollo cabe en una sóla frase; el bdsm ha sido para mí el elemento alquímico que me ha permitido crecer como persona. Uno de ellos, al menos. Por todo lo que he expuesto, por cosas que me callo y por cosas que estoy seguro vendrán.
No, si estamos todos para terapia…
Bueno, pues estoy es lo que hay por hoy. La semana que viene experimento habemus, y advierto desde ya que será harto interesante y no por méritos míos. ¿A qué estáis super intrigados? Pues la solución el finde próximo. Marquen en rojo el miércoles, día en que Indoc subirá la BEDESEMENIADA, y recuerden que si ven señales negras en el poso del café, mejor toménlo con leche.






































